Tecnología en los autos y motos

El ser humano siempre ha tenido una extraña competitividad consigo mismo. El hecho de ser más rápido ha sido una constante previa a la invención de la motocicleta. Las carreras a pie seguramente se inventaron cuando humanos descubrieron que las piernas les servían para correr lúdicamente, más allá de para huír de sus depredadores, y se oficializaron con la celebración de los primeros Juegos Olímpicos en el 776 a.C.

Pero hoy hablamos de motos. Bueno, de motos y de sus cuadros de mandos. Como ha ocurrido con toda la tecnología relacionada con el mundo de la automoción en general, los cuadros de mandos pasaron de ser algo inexistente a convertirse en un elemento diferenciador y con un alto protagonismo en el proceso de decisión de compra.

En sus orígenes, las motos no eran más que bicicletas con motor. De ahí su nombre: motor + bicicleta = motocicleta, o ciclomotor, que aunque actualmente son conceptos diferentes comparten una misma base etimológica.

En la práctica las motocicletas (o ciclomotores) eran inventos precarios; simples bicicletas a las que unos pocos pioneros comenzaron a adosar motores de combustión interna. El ser humano quería ir más rápido de lo que sus piernas podían permitirle, así que la idea de conseguir un movimiento mediante fuerza mecánica era más que suculento. Las motocicletas se convirtieron en una fiebre y el objetivo era claro: la velocidad.

No tardaron en organizarse las primeras carreras de motos, pero más allá de medirse de tú a tú, los pilotos querían saber a qué velocidad iban en todo momento, por lo que fue precisamente ese exacerbado interés por la velocidad lo que hizo que se empezasen a incluir los primeros velocímetros en las motos.

Así nacieron los cuadros de mandos en las motocicletas: un simple reloj en el que mediante el giro de la rueda una aguja se movía para indicar la velocidad del vehículo. Pero los velocímetros no llegaron pronto. La considerada como la primera motocicleta de combustión interna fue la Daimler Reitwagen de 1885, y hubo que esperar hasta las primeras décadas del siglo XX para verlos de manera estandarizada.

Quizá uno de los primeros y más importantes velocímetros fue el de la BMW R20 de 1937. Era igual que cualquier otro velocímetro de la época porque simplemente mostraba la velocidad instantánea, pero además contaba con un odómetro analógico donde se registraban los kilómetros recorridos y, lo más importante, quedaba integrado dentro de la carcasa del faro. El cuadro de mandos entonces dejó de ser un accesorio para convertirse en un elemento de diseño.

Para ver los primeros cuadros de mandos compuestos incluidos de serie en las motos hubo que esperar algo más. Aunque curiosamente, dos años antes del lanzamiento de la R20, en 1935 en Estados Unidos ya se podía encargar una Indian Chief con velocímetro de manera opcional.

Estos relojes grandes y de aspecto tosco utilizados por Indian, además de la velocidad instantánea contaban con una segunda aguja roja que indicaba la velocidad máxima alcazada. ¿Qué utilidad tenía? Pues algunos motoristas lo utilizaban para presumir, pero la mayor utilidad era para que los policías pudieran multar a aquellos que excedían los límites, pues la velocidad de la persecución quedaba "registrada". Otra vez la importancia de la velocidad.

Pero además de ir rápido había otros factores a tener en cuenta a la hora de llevar una moto. Cuanto más se apretaban las mecánicas más importante empezó a ser mantener a raya la temperatura y se incluyeron los indicadores de temperatura del motor. Luego llegaron los tacómetros para controlar el régimen de giro de los propulsores, el indicador de carga del apartado eléctrico y así se fueron creando los primeros cuadros de mandos compuestos, pero siempre organizados en esferas.

En 1947 la Vincent Rapide Series B podía montar un cuadro con tres rejojes colocados sobre el manillar con un tamaño idéntico: velocidad (y kilometraje), reloj horario y tacómetro. Esta composición podía (y puede) parecer recargada, pero en el contexto de una marca de lujo fue otro intento por convertir los cuadros de mandos en un elemento diferenciador.

De los relojes separados a módulos integrados

Con el paso de los años los cuadros de mandos dejaron de ser una composición de elementos separados a convertirse en una unidad. Primero se unieron varios relojes sobre un mismo módulo, luego estos relojes pasaron a combinarse y a perder la simetría durante los años 80. Fue entonces cuando la velocidad empezó a perder algo de peso en favor de los indicadores de revoluciones y los cuadros empezaron a salpicarse con testigos suplementarios.

Durante los años 80 y 90 los cuadros se reformaron por completo. La velocidad seguía siendo importante pero ya sólo era un dato más entre una constelación de factores. Curiosamente, algo que no siempre ha estado en los tableros ha sido algo bastante importante: el indicador de nivel de combustible.

Al principio cuando se acababa la gasolina, se acababa la fiesta. Luego vinieron los primeros depósitos con reserva y, cuando el motor se quedaba sin gasolina había que girar una llave de paso. Más recientemente se incluyó una luz de reserva para dar el aviso de que tocaba visitar la gasolinera. Los indicadores de nivel ya sean analógicos o digitales no han sido nunca algo inamovible,.

Con la llegada del siglo XXI llegó la época dorada de la electrónica a las motos. El síntoma evidente fue la inclusión de los primeros cuadros de mandos con indicadores digitales. En ellos el protagonista fue, siguiendo la tendencia, el tacómetro, con grandes relojes analógicos para las revoluciones a los que se adosaban velocímetros digitales en pantallas LCD monocromáticas.

El despertar de la era digital en las motos

Un buen ejemplo por su representatividad es el cuadro de la primera Yamaha YZF-R1 que en 1998 supuso toda una revolución tecnológica y mecánica entre las superdeportivas, marcando la pauta para el resto de fabricantes. Aquella fascinante, radical y con fama de moto indomable estrenó un cuadro con un tacómetro a la derecha y un pequeño velocímetro/odómetro a la izquierda. Debajo suyo cuatro testigos. Simple.

Éste sólo fue el primer paso de una tendencia que ha cambiado una barbaridad en muy pocos años y que actualmente sigue inmerso en un proceso de evolución totalmente desatado.

El siguiente paso fueron los tacómetros digitales, representados por innumerables configuraciones de gráficos de barras (uno por cada modelo de moto) y absorbiendo los indicadores en una misma pantalla LCD. Con la llegada de los años 2000 la digitalización de los cuadros de mandos se convirtió en una constante donde sólo unos pocos modelos siguen fieles al todo analógico.

Es más. La saga Ducati Scrambler es uno de esos casos especialmente representativos de motos de estilo retro que no renuncian a la digitalización. Sus ccuadros totalmente digitales emulan el estilo de los relojes analógicos del pasado. Una mezcla que tiene su punto estético y que es necesaria para tener mucha información en muy poco espacio. A partir de aquí entramos en un mundo cada vez más complejo.

De las pantallas LCD pasamos a las pantallas TFT, y de la moto como medio de transporte pasamos a la moto como elemento conectado. La Ducati Multistrada 1200 fue una de las primeras motos en utilizar las pantallas a color, introduciendo además en su profundísimo y complejo cuadro de mandos la posibilidad de conectarla mediante Bluetooth al smartphone y configurar sus suspensiones electrónicas desde la cama para levantarnos salir de ruta, por ejemplo.

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