Regresa la sagrada fiesta del futbol

“No soy creyente. En España los 22 jugadores se dan la bendición antes de saltar a la cancha. Por ende, de funcionar, todos los partidos deberían terminar en empates”. – Johan Cruyff, Holanda.

Por: Elizabeth Mora-Mass, en NYC

Miguel Álvaro Sarmiento, en Miami

Fútbol se deletrea con la F de fiesta, la U de unidad, la T de templo, con la B de bonito, la O de omnipresente y la L de locura. Porque el fútbol es una fiesta bonita de una unidad de locura que se realiza en estadios que son templos y están presentes en todos los rincones del mundo.

Sin embargo, más que un deporte, el fútbol, es una religión universal que se practica en los 5 continentes. Sus ídolos tienen en los pies Botines de Oro y los goles de cabeza dejan un aura en el aire. Sus devotos acuden sin falta al templo deportivo todos los domingos y fiestas de guardar para la contienda y rezan para que su equipo salga airoso y sus ídolos ilesos.

Antes del evento, imploran las predicciones, surgen las súplicas por una alineación ideal y un arbitraje justo. Una vez finalizado el encuentro viene el sermón de los comentaristas, el acto contrición perfecto del entrenador del equipo derrotado. El viacrucis del arquero, el ‘Yo Pecador’ del defensa y la subida al cielo del goleador declarado santo; por lo menos hasta el siguiente partido.

Hasta el Sumo Pontífice se suma al ritual. Sagradamente recibe a los ganadores de torneos en el Vaticano, les pide, como en el caso de la visita del Juventus y La Lazio que sean: "Testimonios de lealtad, de honestidad, de concordia y de humanidad"; o al Villareal, equipo al que animó a “no sentirse superiores y a transmitir valores en el campo como el compañerismo o el esfuerzo personal”. Amén.

Igualmente, el Papa Francisco ha estado no sólo en la celebración, sino que ha acompañado al rebaño del fútbol en momentos difíciles. Tras el accidente aéreo que cobró la vida de 77 pasajeros en Colombia, entre ellos casi todo el equipo brasileño Chapecoense, el Vicario de Cristo bendijo a dos sobrevivientes y otros miembros de la devastada organización deportiva.

El fútbol, a diferencia de otros deportes, es un deporte de igualdad de oportunidad en el que ni la estatura, ni el país de origen, ni el idioma, ni el nivel de educación, ni el color de la piel, importan. Lo que importa es la destreza, el tono, la habilidad, la picardía, la creatividad y la elegancia con la que se domina la esférica. Un buen partido es una danza acompañada de una filarmónica para ofrecerle al público un concierto de juego bonito.

Para muestra, basta ver jugar hoy a un Messi, a un Ronaldo a un Griezmann; o en la década de los 70s ver a un Pelé, un Maradona, un Johan Cruyff : Tres estilos distintos un sólo arte verdadero, el fútbol.

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“El fútbol es una pasión, una religión que nos une, que nos divierte”. James Rodríguez, Colombia

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