Familia reclama un Picasso al Met de New York

Familia reclama un Picasso al Met de New York porque lo vendieron por miedo a los nazis

La obra está valorada hoy en más de 100 millones de dólares. El museo dice que su transferencia fue legal.

Una de las páginas más negras de la historia persigue a El actor, obra cumbre de Pablo Picasso. Esta pintura, fechada entre 1904 y 1905, ha propiciado un debate jurídico que trasciende a los colores.

El actor cuelga en las paredes del Metropolitan Museum of Art de Nueva York ajeno a una batalla legal librada en su nombre desde hace ocho años y que podría traer profundas repercusiones en el mundo del coleccionismo y los derechos de propiedad.

Este asunto va más allá de las habituales peticiones por obras que los nazis confiscaron en su invasión del Viejo Continente. El Met respiró el pasado febrero: sus directivos dieron por cerrado este capítulo turbio cuando la juez Loretta Preska, del tribunal del distrito sur de Nueva York, avaló su posesión.

Este lienzo icónico fue vendido por el coleccionista judío Paul Leffmann en 1938, en el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial. Le pagaron 13.200 dólares de la época (en la mejor actualización, su equivalencia estaría por debajo del medio millón).

El coleccionista y su esposa, Alice, huyeron de Europa. Cambiaron su residencia en Alemania por Italia. Al año siguiente, ante el deterioro de la situación, se trasladaron a Suiza y, finalmente, recalaron en Brasil.

Valorado hoy en más de 100 millones de dólares –si saliera a subasta, su precio podría trepar incluso más– , el Metropolitan insiste en que lo obtuvo de buena fe, por una donación. Sin embargo, los descendientes de los Leffmann han apelado esa decisión judicial por considerar que no fue así y que sus antepasados tuvieron que desprenderse de su posesión “por coacción”, por miedo a las consecuencias de las hordas de las SS. Es decir, que pactaron deprisa y corriendo para disponer de medios y escapar del infierno. Por tanto, solicitan revisar a quién corresponde su posesión y devolvérselo a la familia.

El trato, siempre según la demanda, se produjo por la presión de Hugo Perls, coleccionista de Picasso, y de Paul Rosenberg, marchante del artista malagueño.

El lienzo pasó a estar en préstamo en el Museum of Modern Art (MoMA) en 1939, con un seguro por valor de 18.000 dólares. Thelma Chrysler Foy lo compró en 1941 a través de la galería Knoedler neoyorquina por 22.500, un 70 por ciento de incremento respecto de lo que los Leffmann recibieron. Quienes reclaman utilizan estas dos últimas cifras para argumentar “la evidencia” de que aquella venta inicial se hizo en circunstancias “de descuento” y que el museo carece de una propiedad correcta porque el empresario judío se vio forzado a vender a bajo precio.

La señora Chrysler Coy lo donó en 1952 al Met, donde ha estado en exhibición desde entonces.

“El museo mantiene respetuosamente su conclusión de que es el dueño legítimo de esta pintura, que nunca estuvo en manos de los nazis y nunca fue vendida o transferida por ninguna vía ilícita”, dice un reciente comunicado del abogado de la institución, David Bowker.

Laurel Zuckerman, sobrina nieta de los Leffman y representante del legado de su familia, ha presentado un recurso contra esa primera decisión del tribunal en la que se indica que los nazis no estuvieron directamente involucrados en la venta y que no se realizó por una situación de amenaza. Según el Met, en el supuesto de que hubiera un fallo en su contra y a favor de Zuckerman, que empezó su contienda en 2010, esto supondría definir el concepto de coacción de una manera tan amplia que daría opciones a una cadena de reclamos.

Zuckerman no está sola. Diversas personas a título individual avalan la revisión y apoyan su desacuerdo con la resolución. “Si que los Leffman se evadieran por temor a perder la vida no es una cuestión sujeta a coacción, entonces es insondable qué significa coacción en la definición de cualquier jurisdicción”, señala un texto de apoyo.

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