La Justicia en Pañales

“Protegedme de la sabiduría que no llora, de la filosofía que no ríe y de la grandeza que no se inclina ante los niños”.- (Khalil Gibran, Poeta Americano nacido en El Líbano, Cercano Oriente)

Por Elizabeth Mora-Mass en la Ciudad de Nueva York - Miguel Álvaro Sarmiento, en Miami.

Al cierre de la primavera y principio del acalorado verano del 2018, los estadounidenses se enteraron que el gobierno de Trump, su gobierno, estaba separando a miles de menores inmigrantes; muchos de ellos de brazos, arrancados de los brazos de sus padres y madres, quienes, huyendo de la violencia y buscando seguridad para sus familias, recorrieron miles de kilómetros desde sus países en América Central, sólo para terminar metidos en jaulas; como si fueran animales, en los Estados Unidos de América. Este atropello puso al país entero en marcha.

El mes de junio no sólo marca el comienzo del verano, sino que es también el mes en el que, por Convenio de la Naciones unidas, el mundo entero reconoce los derechos de los migrantes en general, los de los niños en particular. Por ejemplo, está el 04 de junio, Día Internacional de los Niños Víctimas Inocentes de Agresión, cuyo propósito, según la definición del organismo internacional es: “Reconocer el dolor que sufren los niños en todo el mundo que son víctimas de maltratos físicos, mentales y emocionales”.

Asimismo, se reconoce el Día Mundial contra el Trabajo Infantil. Establecido por la Organización Internacional del Trabajo, la OIT, el Día Mundial contra el Trabajo Infantil, 12 de junio es: “Un día para concientizar a la población sobre la necesidad de una acción mundial concertada para poner fin a la explotación del trabajo infantil”.

También en el mes de junio, en la semana en la que las naciones del mundo entero reconocían los derechos de los migrantes, en el Día Mundial del Migrante, los Estados Unidos de Trump se retiraron del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, dejando a la comunidad internacional perpleja.

Ese mismo día, vimos por la televisión el brutal desplazamiento y encarcelamiento de miles de menores inmigrantes. Leímos historias y vimos imágenes en la prensa sobre bebés arrancados de los brazos de madres mientras los amamantaban. Escuchamos grabaciones de niños, de meses a cinco, seis o siete años; llorando, mientras un guardia se burlaba de su llanto. Escuchamos a una menor de seis años implorándole a un guardia de inmigración, para que llamaran a su tía diciéndole “Yo me sé su número de teléfono de memoria… es 34”. La menor recita su súplica del número completo una y otra vez, sólo para ser ignorada.

Igualmente, escuchamos una desgarradora grabación de una conversación entre padre e hija. El padre en Centroamérica, la hija en los EE.UU. le preguntaba una y otra vez, “¿Cuándo vas a venir a buscarme?”. Esta conversación entre padres y madres con sus hijos se repite a diario cientos de veces debido a la política inhumana del gobierno de los Estados Unidos de Trump.

La Demonización del Inmigrante

Tanto en manifestaciones que parecen ser una campaña electoral interminable, como en las redes sociales, como Twitter, Trump se ha referido a los inmigrantes como “inmigración ilegal que infesta a nuestro país” y los califica de “Inmigrantes Ilegales, Invasores”, a la vez que ataca las bases fundamentales del sistema judicial de los Estados Unidos y que están plasmadas en la Quinta y la Décima cuarta Enmienda de la Constitución del país: El Debido Proceso.

En entrevistas, como Trino tras Trino en Twitter, Trump acude a infundir el temor y la desinformación para lograr su meta: Usar al inmigrante como chivo expiatorio de problemas sociales internos y como herramienta de distracción a las múltiples demandas legales e investigaciones que pesan sobre él, sus negocios y sobre miembros de su familia.

En el proceso, Trump se ha enemistado con los aliados de siempre de los Estados Unidos. Ha distanciado al país tanto de la Comunidad Europea como de sus vecinos, México y Canadá. Mientras se acerca países encabezados por déspotas y dictadores como lo son Corea del norte, Rusia y China – que sigue siendo Comunista. Que se sepa, ninguno de ellos; ni aliado ni enemigo, tienen a menores y a sus familias en jaulas.

Estas tácticas del gobierno de Trump se asemejan más a las de la Alemania de los años 30 que a las de los Estados Unidos de América de Lincoln, padre del venerable Partido Republicano y quien le diera la libertad a los esclavos.

La Justicia en Pañales

Los Estados Unidos, siguen siendo el único país del mundo que no ratifica la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño. La emergencia humanitaria que se vive en la frontera con la separación de más de 2.000 niños de sus madres por orden del gobierno de Trump, ha servido para recordarle al país que no solamente los Estados Unidos es el único país que se ha negado a ratificar la Convención de los Derechos del Niño, sino que esta vez Trump bien pudo haber cruzado una línea que el promedio de la ciudadanía estadounidense en general, en particular las mujeres, no está dispuesta a tolerar.

La Convención requiere que todos los países signatarios tengan siempre en cuenta el "interés superior" de los niños. Esta propuesta internacional contrasta claramente con la nacionalista que el gobierno de Trump ha estado implementando en la frontera, donde impera el interés superior del color de la piel. De hecho, en el país de la libertad y de la justicia, el Departamento de Justicia y el de Seguridad Nacional, se encargan que la política de ‘Tolerancia Cero” no atienda, ni tenga en cuenta el “interés superior” de los menores, sino que atienda al interés de la radical base electoral supremacista de Donald Trump.

Mientras la Casa Blanca enfrenta órdenes judiciales que le exige reunificar a las familias separadas en la frontera, ahora mismo en juzgados de inmigración en los 18 estados por los que el gobierno de Trump ha repartido a los menores y a sus padres y madres; se le está exigiendo a niños inmigrantes, algunos de 3 años de edad, según reporta el rotativo The Miami Herald, a que comparezcan ante un juez de inmigración para enfrentar y responder a sus propios procesos de deportación.

Catedral Cristo en Indianapolis, Indiana, detiene a la Santa Familia Migrante en una Jaula

 

Un País en Marcha

A pesar que a finales de junio, el día 26, un juez federal le ordenara a la Casa Blanca reunificar a las familias y que le fijara un plazo para que realizara esa reunificación dentro de las próximas 2 semanas, si el niño tiene menos de 5 años, y 30 días si el niño es mayor de 5 años; según la política de “Tolerancia Cero” que dicta Trump, los niños detenidos todavía se ven obligados a enfrentar procesos de inmigración sin que ni sus madres ni sus padres estén presentes.

“Estas políticas de arrebatarles los hijos a los padres inmigrantes es una infamia. No sé cómo todo el país no tiene el corazón hecho pedazos con esta situación”, denunció Halle Brenner Perles, una de las organizadoras en Long Island, en Nueva York, de una de las más de 700 “Marchas por la Unión Familiar” que se realizaron el 30 de junio alrededor de los 50 estados de todo el país.

“No sólo están separando familias, sino que Trump está usando a lo niños como rehenes para obtener billones de dólares para construir un muro de odio en la frontera”, dijo Gabriela, una venezolana que estudia en la Universidad Internacional de la Florida, mientras caminaba hacia la Torre de la Libertad en una de las Marchas por la Unión Familiar en Miami.

No citar su nombre en vano

Sin embargo, el gobierno de Trump acude a una autoridad todavía más alta que la Naciones Unidas y que los jueces federales. Para hacerlo, el Fiscal General, Jeff Sessions, cita en vano a la Biblia diciendo:

"Las personas que violan la ley de nuestra nación están sujetas a enjuiciamiento. Le citaré a usted el Apóstol Pablo y su clara y sabia orden en Romanos 13 para obedecer las leyes del gobierno porque Dios las ha ordenado para el fin del orden. Los procesos ordenados y legales son buenos en sí mismos y protegen a los débiles y los legales”.

Sin embargo, algunos versículos de la Biblia citados fuera de contexto desataron las reacciones de estadounidenses decentes, entre ellos líderes religiosos de 180 iglesias, sinagogas y mezquitas, sólo en Nueva York.

A pesar de esto, el tema no era sobre religión o justicia divina. El meollo del problema yace en los derechos civiles de los niños, o la falta de ellos, aquí en los Estados Unidos.

“Cruzar la frontera sin documentos es un delito menor, entregarse a las autoridades en la frontera es un Derecho Humano reconocido tanto por el derecho internacional como por la ley de los Estados Unidos”, explicó Eileen, una profesora hija de inmigrantes griegos que vivió en Colombia, América del Sur, mientras marchaba en Miami.

Manifestantes protestan contra la separación de familias migrantes.

Según Eva Krief, una pediatra que vive en Long Island y que también es parte del grupo de organizadores de Marchas, la protestas se realizan para denunciar la infamia que está cometiendo el gobierno de Trump frente al caso de los niños inmigrantes.

El Daño está hecho

Ya bien los dijo el escritor español Carlos Ruiz Zafón, quien se dio a la fama escribiendo libros para niños y adolescentes.

“Una de las trampas de la infancia es que no hace falta comprender algo para sentirlo. Para cuando la razón es capaz de entender lo sucedido, las heridas en el corazón ya son demasiado profundas”.

“Los estadounidenses somos mucho más que esto - lo que está pasando en el sur de la frontera. Siempre hemos defendido los Derechos Humanos en especial los de los niños, pero ahora mismo este gobierno de Donald Trump ha decidido meter a la cárcel a niños de brazos, mientras que lleva a juicio a menores de tres años, sin abogado, sin sus padres, sin nada. Eso es bochornoso. Es ir contra todo lo que significa la Estatua de la Libertad para nuestro país y el mundo. Este gobierno ha legalizado el abuso de menores, la destrucción de la familia y de los seres humanos. Las secuelas de lo que está pasando serán desastrosas para el futuro de estos niños inocentes”, puntualizó la doctora Krief.

Mientras, un grupo de jovencitas latinas, nacidas en los Estados Unidos de América, de padres inmigrantes indocumentados, gritaban a toda voz: “!Nuestros padres son trabajadores honrados! ¡Le preguntamos a los ricos que nos atacan ¿quién les va a sembrar la comida, les va a cuidar sus jardines, a sus viejos, si nuestros padres son expulsados como quieren ellos?!... ¡¿Quién?”.

Tanto para adultos, como para los menores, sin importar estatus migratorio, las heridas son ya demasiado profundas.

La increíble y breve historia de un poeta llamado Khalil:

Kamila, la madre de khalil, dejó a su esposo en 1895 y se llevó a los niños a los Estados Unidos. Ellos fueron parte de la gran ola de inmigración que tuvo lugar en las tres décadas anteriores a la Primera Guerra Mundial. Llegaron a Nueva York el 17 de junio y se fueron a Boston, donde se establecieron en los barrios marginales de inmigrantes de la ciudad.

Kamila, como era común para los inmigrantes, se convirtió en una vendedora ambulante. Pronto ahorró suficiente dinero para abrir una tienda con su hijo Butrus, mientras Khalil iba a la escuela, sus hermanas ayudaban a su madre y a su hermano en la tienda.

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